Desvelos Nocturnos




Tenías otoño en la mirada. Primavera en  la sonrisa. Invierno en la piel. Sólo fue necesario menos tiempo del que dura un suspiro, para que  tu mirada, tu sonrisa y tu piel se tatuaran a fuego en mis retinas. Sin darme cuenta comencé a entremezclarte por las letras de mis versos. Tu esencia brotaba de mi pluma con la misma intensidad con que los arroyos estallan al llegar la primavera.

Tardé un poco más en reconocer que, con sólo oír pronunciar tu nombre, un torbellino se gestaba en mi pecho y se expandía veloz como un relámpago en mi interior. Me negaba a admitirlo, pero así era. Y cuanto más me resistía a esa extraña sensación, mas fuerte se volvía.
Ese torbellino, no tardó en convertirse en un huracán que hacía que mi aliento temblase si te tenía a pocos palmos de distancia. Sólo con percibir unos acordes de la esencia de tu perfume, yo, ya no era yo.

Hasta que un día me hablaste. Y lo que comenzó con una pregunta esporádica se fue extendiendo en el tiempo hasta que el ocaso casi llegó a alcanzarnos. Ese día hubo un mágico instante en el que me sentí tan pequeña a tu lado... y a la vez tan grande... y entonces supe que ya no había marcha atrás, porque tu nombre se acababa de  tatuar en mi corazón.

Un tiempo y unas pocas conversaciones más tarde, descubrí que yo también te removía un poco por dentro, y en ese momento me convertí en un volcán que estalló en una erupción de felicidad, euforia, inseguridad y miedo a partes iguales.

Comenzamos a pasear los jueves siempre por aquel parque que había entrecruzado nuestras vidas. Nuestro parque ya para siempre. Sin rumbo fijo. Sin destino aparente. Hasta que las suelas de nuestros zapatos llegaron a fundirse con la caliza de sus callejas. Caminábamos con paso tímido, y en cada encuentro un poco más cerca el uno del otro. Hasta que en una ocasión, nuestras manos se rozaron, y, desde entonces, se buscaban como imanes en el inicio de cada recorrido.

A la par que se iban gestando las flores de los arbustos que, cada semana, contemplaban expectantes nuestro paso, comenzaba a construirse entre nuestros corazones el firme esqueleto de lo que algunos llaman amor.

Esas tardes de paseo se fueron alternando con proyecciones de cine. Siempre elegíamos los mismos asientos. Para mí la película era lo de menos si la veía contigo. En esas últimas butacas del señorial cine del centro comercial saboreé por primera vez tus labios. Nunca te confesé que superaron todas mis expectativas. Y jamás olvidaré la manada de caballos salvajes que galopaba en mi pecho cuando sentí su roce aterciopelado.

Los estrenos de la semana dieron paso a sesiones de “peli”, sofá y manta, que desataron confidencias y complicidades. Y tus manos se dejaron llevar por las risas desabrochando mi vestido, y las mías vencieron mis inseguridades despojándote lentamente de tu camiseta.  Así, entre el néctar de tu piel y del fuego de tus manos, descubrí que tenías verano en el cuerpo. Y los resquicios del hielo que durante mucho tiempo me había servido de coraza, esa noche terminaron de derretirse por completo.

Entonces, cuando parecía que por fin la felicidad me había tocado con su varita mágica, descubrimos que la enfermedad sobrevolaba mi cuerpo y mis entrañas con sus alas tétricas y amenazantes. Fueron días duros. Pasaste horas secando mis lágrimas contenidas, acariciando mi mano a la vera de mi lecho, alimentando mis fuerzas para seguir luchando. Y todo eso me ayudó a seguir adelante, a pelear como una leona, a ganar la batalla.

Y en esta noche en vela me he puesto a recordar nuestra historia, mientras tú duermes, ajeno, a mi lado y el “tic-tac” de las manecillas del reloj se va amoldando al ritmo de  los trazos de mi pluma. No puedo evitar quedarme hipnotizada mientras te observo dormido, a la par que un tímido rayo de luna acaricia celoso el azabache de tu pelo. Y me da por pensar si, cuando ese azabache se torne nieve, y las llanuras de mi cuerpo se transformen en dunas, tú me querrás aún.

Ahora acabas de despertarte, me sonríes al verme escribir como siempre a estas horas intempestivas. Bromeas con que voy a conseguir que sientas celos de la noche porque me inspira más que tú; y me dices que me duerma, que ya es tarde. Te digo que sólo dos frases más, antes de guardar mi libreta y dejarme arropar por tus brazos y por el aroma de tu piel. 

Y mañana dejaré esta carta sobre tu almohada, para que cuando te vayas a dormir, y yo ya esté rendida entre los arrulladores brazos de Morfeo, sepas que es la noche la que tiene celos de ti, porque la luz que tú desprendes hace que no exista la oscuridad para mí. Y para que sepas también que tras el amanecer o tras el ocaso, dormida o despierta, siempre estoy pensando en ti.

Carta que forma parte de la antología benéfica de cartas de amor "Lo que a Cupido nunca conté" a favor de la asociación DEBRA,

Extractos de Poesía... eres tú



Os dejo en esta entrada un trocito de cada uno de los poemas que componen el micro-poemario "Poesía... eres tú". Espero que os gusten.

PARA QUE LOS LEAS CON TUS OJOS GRISES...
Para que los leas con tus ojos grises,
y vuelen raudos a tu corazón
arropándolo con su dulce beso
todos mis versos son.


PASABA ARROLLADORA EN SU HERMOSURA...
Pasaba arrolladora en su hermosura
y el alma me arranqué
para que siga su estela danzante
por donde quiera que viaje su ser.


CUANDO EN LA NOCHE TE ENVUELVEN...
Cuando en la noche te envuelven
dulces notas de silencio
y Morfeo con sus alas
se acomoda entre tu pecho,
¡quien pudiera con su abrigo
abrazar tu cuerpo etéreo...


CENDAL FLOTANTE DE LEVE BRUMA...
Cendal flotante de leve bruma
brisa trenzada de luz de luna
un melodioso
canto de gozo
las delicadas notas de tul
de mi laúd.


TU PUPILA ES AZUL...
Tu pupila es azul, y cuando ríes,
el brillo que desprende se asemeja
a la luna que reina con su calma
las infinitas estrellas.


NO DORMÍA, VAGABA EN ESE LIMBO...
No dormía, vagaba en ese limbo
enredado en el mundo de los sueños
donde realidad y ficción traspasan
las barreras del miedo.


YO SOY EL RAYO, LA DULCE BRISA...
Yo soy el rayo, la dulce brisa
la niebla errante que te acaricia
cadencia quieta que tu oído embriaga
lluvia que resbala por tu mirada.


VOLVERÁN LAS OSCURAS GOLONDRINAS...
Volverán las oscuras golondrinas,
nuestras siluetas a sobrevolar
y a través de celosías y ventanales
nuestra dicha verán,


SI AL MECER LAS AZULES CAMPANILLAS...
Si al mecer las azules campanillas
de tu balcón,
sientes que te acuna lento
tierna canción,
es porque acurrucada entre sus notas
me duermo yo.


¿NO HAS SENTIDO EN LA NOCHE...
¿No has sentido en la noche,
cuando duerme la aurora
que se enciende en tu pecho una llama
que calienta tu cuerpo y tu alcoba?


DESPIERTA TIEMBLO AL MIRARTE...
Despierta, tiemblo al mirarte,
si duermo, sueño perderme
entre tus negras pestañas
como copos por la nieve.


OLAS GIGANTES QUE OS ROMPÉIS BRAMANDO...
Olas gigantes que os rompéis bramando
entre los huecos de las férreas rocas
romped, por Dios, la pena que me abruma
y mi esperanza rota.


LAS ONDAS TIENEN VAGA ARMONÍA...
Las ondas tienen vaga armonía,
tiernos pétalos la flor
en tu mirada hay poesía,
la melodía
que al corazón
llega veloz.


HOY COMO AYER, MAÑANA COMO HOY..
Hoy, como ayer, mañana como hoy,
y ¡siempre igual!
caminamos al son de sus inviernos
sin vacilar.
Seguimos la senda de sus mentiras
que al juicio dan dolor,
y nos vamos transformando en muñecos
sin alma o corazón.


¡CUÁNTAS VECES, AL PIE DE LAS MUSGOSAS...
¡Cuántas veces, al pie de las musgosas
paredes que la guardan,
conté las hiedras que entre los albores
adornan tu ventana!


POESÍA... ERES TÚ
.........................
Poesía... eres tú, aunque no lo creas
y aunque el resto del mundo se halle ajeno,
porque aunque solamente yo lo entienda,
poesía, cuando te miro, es lo que veo.

Os presento mi primer poemario: Poesía... eres tú





Sinopsis


En este poemario encontrarás un trocito de Bécquer, un trocito de mí y también un trocito de ti.
Porque “Poesía... eres tú” es Bécquer, y su esencia se ha colado entre estos versos.
Porque “Poesía... eres tú” es la frase que mejor resume el contenido de estas páginas.
Y porque todos, siempre, somos poesía para alguien, así que también “Poesía... eres tú”


Así se creó "Poesía... eres tú" (Prólogo)

Todo empezó con uno de esos muchos juegos de escritura creativa que todo aspirante a  poeta o escritor ha utilizado alguna vez. Dicho juego consistía en crear un poema a partir de la primera frase de otro ya existente. 

Desde el primer momento tuve claro el poeta que elegiría: Gustavo Adolfo Bécquer. Mi memoria no alcanza a recordar el primer instante en el que me sentí atraída por sus versos, pero desde siempre recuerdo su obra “Rimas y Leyendas” en mi estantería. 
Es para mí “El Poeta” (con mayúsculas). El que lo expresa todo de una forma aparentemente sencilla, aunque luego resulte imposible de reproducir. El que pinta los sentimientos como nadie. 

Decidí complicarme un poco más la vida, y mantener, en la medida de lo posible, la rima de los versos originales. Y así nació mi versión de “Pasaba arrolladora en su hermosura...”

Entonces descubrí que mi “Muso” me acompañaba cuando me llegó la idea de hacer este poemario, de reunir en un libro una versión de parte de sus rimas, unas más conocidas, otras un poco menos. 
        Así, fueron surgiendo estos dieciséis poemas, que abarcan “Poesía.. eres tú”, aunque bien hubiese podido llamarse “Quince poemas becquerianos y una canción improvisada”.

Elegí este título porque para mí esta es la frase más significativa de Bécquer. También, porque creo que no se puede decir tanto con tan pocas palabras.
Y, además,  porque todos en algún momento somos poesía para alguien, así que nunca dudes que “Poesía... eres tú”


En poemas como este





En poemas como este
quedan sueños encerrados,
y amores dormidos
esperando ser despertados
por el beso del príncipe valiente
o del cobarde que nunca se atrevió
a buscar el significado
de la palabra “amor”.

En poemas como este
caen el llanto tibio
de los amantes locos
secretos o heridos,
y los eternos suspiros
que se ahogaron en las aguas
de los sueños prohibidos
que se quedan en la nada.

En poemas como este
suenan las risas
de los recuerdos eternos
que trae la brisa
y sean momentos felices,
cuerdos o locos
por muchos que hayan sido
saben a poco.


Versionando a Becquer





Pasaba arrolladora en su hermosura
y el alma me arranqué
para que siga su estela danzante
por donde quiera que viaje su ser.

Como una roca me quedé sin alma,
vacío, y sin poder
rozar su tenue rostro con mi mano
y decirle cuan hermosa es.